Mural universitario de Aarón Piña Mora



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Un profuso aire de recogimiento espiritual y de respeto por los seres vivos inunda la obra del maestro Aarón Piña Mora. Su fecundo trabajo abarca diferentes períodos creativos que hacen alusión a un mundo fortalecido y lleno de esperanza, a pesar de las vicisitudes propias del entorno humano, temas y motivos en los que el pintor plasma magistralmente el rico esplendor de su variada paleta; colores que evocan atmósferas en las que la esencia humana es la protagonista principal de sus cuadros.


Las preocupaciones e investigación del lenguaje formal de su obra, como lo son el color, la composición y la forma, tienen un claro referente en la figura de dos de sus murales creados expresamente para los muros de la Escuela de Filosofía y Letras y otro para la cafetería de Bellas Artes en la Universidad Autónoma de Chihuahua, donde sus composiciones plenas de movimiento y configuradas dentro de un esquema geométrico, avivan en el espectador un espíritu vital que parece nacer de fuerzas contenidas y emparentadas con el cosmos.


Sus figuras parecen definir una constante sacralización de las fuerzas del ser, precipitadas en atmósferas que a veces parecen incendiar el cuadro o nos remiten a un mundo de colores fríos salpicados de luz.


Algunos de sus motivos nos recuerdan también la obra de Siqueiros, por la fuerza de sus formas que interrumpen en el plano a través del potencial de su dibujo, pero de una manera más sosegada que a la vez expresa una mayor introspección.


En estos murales su intención creativa está claramente enfocada a los conceptos de la filosofía áurea, debido a que en su realización, su pensamiento oscila en puntos clave que originan una dinámica que se extiende sobre el cuadro y crea a su vez ritmos y fuerzas que inciden en una geometría que subdivide cuadrantes y realza la composición y el croma.


En el mural localizado en Bellas Artes, el maestro Piña Mora simboliza el espíritu de las artes que parece infundir vida a todo lo que toca. Ahí surgen, caracterizadas las diversas disciplinas artísticas, como lo son el teatro, la danza y la música; concepción geométrica del espacio como telón de fondo juega un papel fundamental en su creación. Varios de los conceptos utilizados en esta obra son puestos nuevamente en práctica en el mural de la Escuela de Filosofía y Letras, aunque variados en posición la fuerza compositiva de la obra para dar realce a la vertical del cuadro y a los elementos que definen dos triángulos de vértices contrapuestos que brindan mayor dramatismo y plasticidad, necesarias al tema del parricidio, simbolizando el tema bíblico de Caín y Abel o la muerte de la ignorancia misma que redundará en el conocimiento. En este mural, una mujer como motivo central, deviene en conciencia y pareciera que trata de alentar o detener el acto brutal que se comete, presagiando en sus vestiduras azules, la profusión de un llanto eterno o en su rojo manto el derramamiento de la sangre. La simbolización de una dicotomía también es evidente, conteniendo en sí un dramatismo que enfatiza el espíritu filosófico del tema.


En el mural del Sindicato Académico de esta institución, Aarón Piña Mora nos expresa un ambiente de paz que convoca al conglomerado humano a reunirse alrededor de esta figura femenina que atesora en su mano derecha el conocimiento científico y filosófico del mundo, en forma de una luz metafísica. En este mural la simbología es al parecer menos compleja, resaltando el carácter conciliador del tema y la calma aparente que evocan los azules grisáceos, solo contrastados por gamas de rojo que aparecen dentro de una esfera en la parte superior derecha del muro. También aquí es evidente cómo el maestro Piña Mora nos transmite en su croma un estado ánimo que invita a la unidad dentro de un contexto de valores eminentemente universales. Los caminos tan variados del aprendizaje son probablemente simbolizados en los rayos de luz que detenta la mujer en su mano izquierda. En el fondo del cuadro, pensadores de todas las razas, embebidos del conocimiento, sientan las bases para la consecución de un mundo nuevo.


El maestro Piña Mora nos ha dejado un extenso legado en su trabajo, no sólo en los murales de nuestra institución, sino también en su obra en caballete en la que nos muestra su agudo sentido de observación y una capacidad para proyectar estados de ánimo. Asimismo, en su faceta como retratista, ahonda con ternura en su propio entorno familiar y en su profundo respeto por las etnias de nuestro gran estado.


Sus paisajes luminosos y aéreos nos muestran a un Aarón Piña Mora compenetrado con la sustancia misma de una tierra como la nuestra, que supo acoger la huella y el enorme talento de este memorable artista y promotor cultural.